La emoción de acompañar las intuiciones de quien emerge



Este post ha sido escrito en su totalidad por Alba Gándara Gallego, estudiante del I.E.S. Valle del Jerte, con quien tuvimos el placer de charlar tras la visita de los poetas al instituto. Incluimos, además al final de este post, un texto en prosa inédito de Alba al final de este post a la espera de volver a verla en la próxima edición de Voces del Extremo Valle del Jerte. ¡Gracias Alba!

Hace tres meses, vinieron a mi instituto tres poetas maravillosos. Hasta ese momento creía que la poesía era… bueno, una sencilla y pequeña parte del universo que la conforma. Lo primero que pensamos cuando escuchamos «poema» es en una serie de versos escritos y lleno de palabras extrañas. Pensamos en Bécquer, en Machado y en Benedetti, pero nos quedamos atrás a muchísimos otros autores. Con el tiempo hemos dado por hecho que la poesía ha desaparecido con la muerte de los grandes autores, ya no leemos poemas porque damos por hecho que no son lo suficientemente buenos, que la poesía moderna no va a erizarnos la piel igual que lo hizo Neruda con su Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Ni siquiera imaginamos la cantidad de grandes genios que hay hoy en día haciendo poesía, la cantidad de pequeños tesoros, innumerables de brillantes versos que todavía no conocemos. 

Dijo Robert Penn Warren una vez:
«Un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida.»

Alba con su profesora de Lengua y Literatura, Mamen Marredo, junto a las poetas Leo Mago y Ángel Calle.

Eso es lo que creo que aquellas actuaciones significaron para mí. No veía a gente haciendo arte -que también- sino a tres personas que personificaban la vida, que jugaban con ella y la amaban. La vida formaba parte de ellos y ellos sabían perfectamente qué hacer con ella. Creo que todavía siento esa serenidad corriendo por mis venas, y es porque la poesía es algo tan mágico que una vez que entra en ti, forma parte de tu ser para siempre. Ojalá nunca deje de haber poesía y nunca falten los poetas, da igual que hagan poesía dramática o que sea una declamación entre amigos, lo importante es que la esencia que viaja en las palabras y en las sensaciones que componen un poema no se pierdan nunca. Que mis hijos no tengan que crecer en un mundo sin poesía.

Conocí una parte infinita de aquellos poetas cuando hicieron su actuación, nunca antes habría llamado a eso poesía. Aquella mujer haciendo sonidos extraños que al final resultaba ser una gran obra llena de sentimientos, emociones y pensamientos. O aquel vídeo que pensé que iba a ser una simple canción, ni siquiera había visto todo lo que tenía que decir. No le di una oportunidad y la segunda vez que lo vi, lo supe. La poesía es un arma cargada de futuro. Y Celaya tenía razón, gracias a gente como aquellas personas la poesía tiene un fabuloso y colorido futuro. 

Debemos sin duda admirar a la gente así, valorarlos, apreciarlos. Leed a Luna Miguel, a Carmen Juan, a Elvira Sastre. Comprad los libros de Loreto Sesma y de Irene X, leed a Sarah Búho, llénate de sus poemas. No sólo leedlas, recitadlas, sentidlas, amadlas. Hacedlo como lo han hecho aquellos poetas; la poesía os salvará como lo ha hecho con ellos. Encontraréis una vocación, un hogar, porque siempre nos quedará la poesía, será lo que os levante, lo que os sacará sonrisas inesperadas y lo que os hará llorar, como un buen novio o una buena novia. La pareja perfecta, vuestra alma gemela. Seréis muy afortunados y os sentiréis plenos. Ojalá os cambie tanto la vida como me la ha cambiado a mí y a estas personas. Ha sido un placer conocerlos, lo repetiría mil veces. 


¿Y si volvemos? por Alba Gándara Gallego

Podríamos volver a caminar de la mano por la calle mientras llueve, tomarnos algo en nuestro bar, escuchar canciones de gente maravillosa sin oportunidades en medio de la Calle del Sol.
 Podríamos volver a viajar, repetir Madrid, repetir Oporto. 
  Podríamos ver amanecer un día más en tu cama, arropados entre sábanas blancas 
  y besos escalofriantemente nuestros. 
   Podrías hacerme esas tortitas con Nocilla que tanto me gustan, 
   yo podría escribirte una carta en clase de Lengua para que entendieras la sintaxis 
   de quererte. 
Hay tantas palabras que no te diré y que, quizá, lo habrían cambiado todo.  

Siempre fuimos de dejarlo todo al azar porque todo nos salía bien, y míranos ahora, escasos de suerte y de cariño vagamos por la calle limosneando atención. Nosotros que quisimos con todas nuestras fuerzas, estamos a la deriva en alguna isla en la que no se puede sobrevivir. Nunca nos importó que la tormenta rompiera nuestro barco, no nos importó el tiempo, el clima o la distancia. Quizá por eso ahora somos dos náufragos varados en playas distintas: tú bañándote en playas vírgenes, disfrutando de las vistas sin importar el poco tiempo que duran las cosas tan fugaces, como otras mujeres que no te quieren. Y yo aquí, en medio de ninguna parte intentando encontrarte para que volvamos a navegar juntos.  

Siento un vacío en mi pecho desde que ya no estás, desde que me diste por perdida, desde que empezaste a olvidarme. ¿Cómo eres capaz de olvidarlo todo si yo, cada vez que llueve me acuerdo de ti? Y es que aquí llueve todos los días, así que imagínate todo lo que te recuerdo.  
Regresemos a ese sitio tan nuestro que conocíamos como “hogar”, nuestro pequeño refugio de los días grises en los que estábamos demasiado hechos polvo para echarlos. Lo nuestro no era un fifty fifty, era un cien por cien de amor indestructible, dependiendo el día yo ponía 10 y tú 90, o viceversa.  

No siempre encajamos, pero supongo que eso es lo atractivo del amor, que hay que lijarlo para que encaje. Se tiene que desencajar una y otra vez y así hacerlo interesante, constante y no monótono. ¿Por qué no volvemos a hacer muñecos de nieve en lo alto de la montaña y deshacernos de toda ropa al final, al borde del río en pleno verano? ¿Por qué no vuelves a buscarme a la salida del instituto con la música a tope y un montón de ganas de que pasear juntos la tarde? Vayamos a comer juntos esa paella que te quedaba tan rica, durmamos la siesta abrazados mientras suena Ed Sheeran de fondo. Demos un paseo por el parque con tu perro y el mío, leamos algún libro, cantemos alguna canción, vamos a crear momentos llenos de magia que permanecerán siempre en la memoria. Hagámonos eternos. Como decía aquella canción de Fondo Flamenco: “lo nuestro no es solo querernos, es mucho más que eso”.  

Volvamos a ir separados a la discoteca y acabemos juntos en tu casa, mirando al cielo y preguntándonos si esta será nuestra última luna. Regresemos a ese momento en el que me decías “es hora de que vayas a casa”. Acompáñame de nuevo hasta la puerta y dime “mañana quiero verte”. Por favor. Volvamos a vernos, volvamos a querernos, simplemente, volvamos.  

A reír de chistes malos, a insultarnos a modo de “te quiero”, a ver Netflix e ir a conciertos. Repitamos aquella cena con tus amigos o aquella noche en la que me rozaste entre tanta gente después de tanto tiempo, insinuándome algo así como “te he echado de menos”.  
Sé que todo tiene su momento y que las cosas no pasan dos veces de la misma manera, nunca es lo mismo, las segundas partes siempre son peores que las primeras y todo eso, pero contigo, sencillamente, ninguna segunda parte fue. Es más, no sería segunda parte, sería un continuar lo que dejamos aparcado en una esquina porque sabíamos que volveríamos a retomarlo. Lo supimos antes de decirnos adiós y aun así, nos despedimos.  

Sé que cualquier día de estos te volveré a ver y no sé si te reconoceré; desde que te desconozco, siento que me falta algo. Nos complementábamos tan bien… 

A ti no te importaba hacer el payaso para hacerme reír y yo me hubiera matado para que tú tuvieras la oportunidad. Te sé de memoria, fuiste como aprender a montar en bici durante tanto tiempo que a veces hasta en sueños pedaleo. Tengo fotos tuyas pegadas en todas mis ventanas porque eres el único sitio al que quiero volver; cuando vaya al aeropuerto quiero que tu nombre figure en el panel de destinos. Joder, es que quiero volver a mi hogar. 
Es que desde que no estás sólo encuentro razones para querer vivir en el pasado, te valoré cuando te tuve y aun así me sigues haciendo falta, ¿cómo es eso posible? Quiero pensar que tú también me extrañas a mí, así que, dejemos de mirar fotos antiguas y renovémoslas; échame fotos apoyada en el muro y sácame sonriendo, si lo hago es por la suerte que tengo de tenerte, yo prometo hacerte muchas más fotos mientras duermes, con esa manera tan única, especial y tuya con la que lo haces. 

No quiero seguir viéndote por la calle como si nada cuando lo hemos sido todo, quiero que vuelvas a ser el faro que me devuelve a casa, quiero que sigas emitiendo señales que yo pueda malinterpretar. ¿Por qué no volvemos? Yo, que contigo me atreví a saltar cualquier precipicio y encima coger carrerilla, caeríamos juntos de la mano y me salvarías. Yo, que contigo tenía más valor que cualquier ejército, ahora tiemblo al entrar en tu chat y verte en línea. Me tiembla el pulso al sentirte tan lejos estando tan cerca. Tengo tantas ganas que me salen textos eternos y en el momento de darle al botón de enviar es como si me faltara el aire. (Siempre fuiste de esos que quitan el aliento y encima, te dejan sin palabras). 

Tendríamos que estar teniendo una de esas conversaciones tan nuestras. 

Sigo mirando el móvil de reojo por si se enciende la luz azul o suena ese tono Jump de las notificaciones personalizadas de Whatsapp, sigo esperando a la salida del colegio o al pasar por delante de tu casa por casualidad. Te sigo esperando y no sé por qué...

Yo ya he olvidado todos tus defectos, por favor, olvida tú los míos o simplemente perdóname. Quiero verte en vez de estar recordándote día tras día, noche tras noche. Quiero dejar de querer sacarte del corazón cuando sé de sobra que no puedo, que no sales ni con cincuenta clavos, y me jode muchísimo tenerte delante y tener que conformarme con un “hola” cuando tengo tantas cosas que decirte. Hablemos, bailemos, cantemos, besémonos apasionadamente como solíamos hacerlo. ¿Por qué sigo aferrada a ti, al pasado, a cosas que ya no existen si ya te has ido y no tienes pinta que querer volver? ¿Por qué me empeño en encender cenizas que están mojadas? Porque te quiero, porque me quiero a mí cuando estoy contigo. 

Si me escuchas o si me lees o si una noche cualquiera, bebes más de la cuenta y en ese momento de poca lucidez te acuerdas de mí y me escribes, bastará para que empecemos de nuevo. Porque querrá decir que no me tienes en la cabeza, que me tienes en el corazón. 
El alcohol destroza por dentro porque saca a fuera toda la verdad, todo el amor verdadero, todas las cosas sinceras y las más puras emociones. Es el precio que hay que pagar por vencer al orgullo, por sacar nuestro yo tierno sin miedos, sin vergüenzas. Yo le estoy agradecida eternamente al whisky, porque nos ha unido más que cualquier “lo siento”, y volvería a beberme esa botella de White Label con tal de que vuelvas a llevarme a casa en brazos. 

Recuérdame por qué no estamos juntos, por qué te dejé ir cuando sabía que querías estar conmigo. Recuérdame por qué te fuiste, por qué elegiste lo fácil, por qué resultaste ser como el resto. Volvamos a vernos, por favor, por los viejos tiempos, por el mal sabor de boca que nos dejó, por lo que fui para ti. Si es que fui algo, que a veces lo dudo. 

Recuérdame mientras piensas en aquellas noches intensas, extensas y excitantes en las que compartíamos algo más que simples palabras de amor, canta las canciones que me susurrabas al oído a pleno pulmón cuando beses a otras. Susurra mi nombre cuando no puedas dormir, yo mataré monstruos por ti. Recuérdame qué nos pasó. Ah no, eso no, porque lo sé. Nos apagamos, nos extinguimos. Malditos bomberos, maldita agua, maldito sea el que nos salvó de nosotros mismos. No necesitaba que nadie me salvara, necesitaba que tú siendo el mayor de los peligros me devoraras: el amor nace de aquello que nos da miedo. No hay nada que me asuste más que no estar contigo. 

No estamos juntos porque yo no supe quererte como me pedías: a escondidas. Quererte en secreto no es para mí, que soy de las que grita que es feliz porque tiene aquello que quiere. Las precauciones y las medidas de seguridad no eran más que simples excusas para arriesgarme, para saltar, para equivocarme. He rogado a todos mis amigos que no me hablen de ti porque me duele, pero si no me hablan de ti, si no te pienso es como si murieras, y te quiero de todas las formas menos muerto y triste. Sigo siendo difícil de entender, el mismo enigma irresoluble de siempre y sigo estando enamorada de ti como el primer día. Y sigo sin saber por qué no funcionó, por qué narices tú no pudiste quedarte conmigo sabiendo que yo te lo habría dado todo. ¿Tan fácil éramos? 

Recuérdame por qué no lo estamos volviendo a intentar, por qué nos mentimos, por qué apartas la mirada cada vez que me ves si tan bien me has superado. 

¿Y si volvemos? 

Recuérdame. 

Volvamos. 

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